En 2010 dos cocineros se unieron con una meta común: hacer restaurantes. Así fue como Daniel Ovadía y Salvador Orozco sumaron sus cualidades, visiones y trayectorias complementarias para conceptualizar, montar, arrancar y operar restaurantes. Hoy, con más de una decena de proyectos andando, Bull & Tank refuerza día a día su intención de plantear restaurantes de experiencia completa, de cuidado al detalle en todas las áreas, buscando la excelencia desde una perspectiva desenfadada, accesible y redituable para sus inversionistas. Así, quienes alguna vez pensaban sólo en cocina mexicana contemporánea, cambiaron los molcajetes y chiles por una visión empresarial cuya pasión descansa en acercar la buena cocina y el buen servicio cada día a más personas.

DANIEL OVADÍA - CDMX - 1983


Uno de los cocineros más inquietos y tenaces de México quien con su chispeante cocina y personalidad deja claro que la creatividad es una tendencia por revisar y continuar. Daniel es un cocinero que desborda su pasión por lo que hace: siempre contracorriente, sorprendiendo con sus recetas y la búsqueda constante de la perfección para tener comensales redondos, los que regresan y recomiendan. A su restaurante insignia, Paxia, que durante los diez años que permaneció abierto se mantuvo entre los mejores del país, se sumaron varios proyectos y reconocimientos, además de la publicación del libro ‘La cocina de Daniel Ovadía’ (Larousse, 2013), trabajo editorial que se cocinó durante al menos tres años y que reúne la historia y trayectoria de Daniel en la cocina mexicana. En 2016 se hizo acreedor del Premio al Mérito Empresarial Restaurantero en la categoría “Joven Empresario Restaurantero”, entregado por la CANIRAC, remarcando no sólo su talento como cocinero sino también como restaurantero maduro, diversificado, desarrollado.

SALVADOR OROZCO - CDMX - 1988


Con apenas 14 años de edad y un “ahora vas a saber lo que es ganar un peso” por parte de sus padres es como Salvador, cocinero de espíritu incansable, se inicia en el mundo de la hospitalidad cepillando arena y barriendo patios en un hotel de Huatulco. Su interés en cocina inició viendo la teatralidad de los buffets noventeros y así es como empezó siendo ayudante de pastelería —comiendo todos los postres que podía— hasta que por fin usó una sartén y supo que eso era lo que quería hacer el resto de sus días. Aunque insista que la escuela nunca le gustó, Salvador consiguió ser becado para estudiar cocina a nivel profesional y al poco tiempo estaba haciendo stages profesionales en Noma (Dinamarca) y en el Celler de Can Roca (España), ambos restaurantes reconocidos mundialmente por su propuesta y sus altísimos estándares de calidad. Además de técnicas y recetas, ahí fue donde aprendió que para cocinar también había que ser disciplinado: levantarse temprano, planchar la filipina y tener trapos impecables. Toda esa energía y talento le valieron para ser partícipe activo en la cocina de Paxia durante su auge y, por tanto, para ser el mejor amigo y complemento de Daniel en un nivel empresarial más amplio en los proyectos que vinieron y que vendrán.

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